
Pocas veces damos
importancia a ese acto tan cotidiano, pero esencial para nuestra existencia,
como es la respiración. No se trata simplemente de llevar oxígeno a los
pulmones, es un acto que afecta a cada rincón de nuestro organismo para que
podamos tener la suficiente energía y desarrollar distintas las actividades
físicas y psicológicas.
La respiración: un proceso vital
Para que nuestro cuerpo
disponga de la suficiente energía vital es necesario que se produzca en las
células una combustión de oxígeno con carbohidratos, proteínas y grasas. Es por
tanto, la respiración, un acto vital imprescindible para obtener ese elemento
externo, como es el oxígeno, y expulsar el residuo creado por la combustión: el
dióxido de carbono.
No obstante, también
influye en el funcionamiento del organismo a nivel físico y mental. Una
correcta respiración puede marcar el ritmo del corazón, el sistema circulatorio
o los músculos para que no se sobrecarguen y deriven en enfermedades
cardiovasculares y trastornos.
Efectos físicos y psicológicos
A nivel físico, una
respiración adecuada permite que los pulmones y el tórax sean más
flexibles, incrementando la capacidad de
respirar y llevar más oxígeno a la sangre. Supone un masaje a órganos tan
importantes como el estómago, el intestino o el corazón, que se encargan de
transformar los alimentos en nutrientes y transportarlos a todo el organismo.
Permite relajar los
músculos del corazón, reduciendo sus latidos y la tensión arterial y
liberándolo de una gran carga de trabajo. De esta forma, la contracción de los
ventrículos se realiza de forma más eficiente, dotando al corazón de mayor
fuerza y previniendo enfermedades cardiovasculares.
Así mismo, un constante
suministro de oxígeno en la sangre permite limpiar el organismo eliminando las
toxinas que pueden causar enfermedades. Gracias a esa limpieza, se rejuvenecen
las glándulas, como las pituitarias y pineales,
que permiten regular los procesos y ciclos biológicos, dotando al cuerpo
de una mayor capacidad de digerir los alimentos y una mejora del sistema
nervioso y cardiovascular.
Desde el punto de vista
mental, la respiración influye sobre nuestras emociones. En estados alegres
suele ser más profunda y prolongada que en momentos de estrés, que suele ser
más rápida y entrecortada, dando la sensación de asfixia. La correcta
respiración oxigena el cerebro, llevando más energía hacia esa intensa
actividad que desarrolla. Con ello conseguimos evitar el estrés, la ansiedad,
la apnea, el insomnio, logrando mayor concentración y un estado de relajación y
serenidad suficiente para que el organismo funcione adecuadamente.
Una respiración para cada situación
No siempre debemos
respirar de la misma forma. Cada situación requiere una técnica distinta que
permite restablecer el ritmo corporal y adaptarse al entorno. Ante todo es importante
tener en cuenta que una buena respiración se realiza por la nariz, no por la
boca, y los esfuerzos físicos, como inspirar intensamente o forzar el abdomen,
restan eficacia provocando una alteración del ritmo. El espacio libre, sin
humos ni gases, también cumple una función importante porque evitamos que
lleguen a nuestros pulmones otras sustancias que pueden provocar enfermedades.
Cuanto más tiempo respiremos al aire libre mayor bienestar sentiremos.
Respiración superior o clavicular
Este tipo de respiración
es superficial ya que proporciona un mínimo de aire al trabajar solamente la
parte superior de los pulmones. Cuando inspiramos, se produce un ligero
movimiento clavicular, contrayéndose el abdomen. Se da en los casos de
ansiedad, cuando utilizamos ropa muy ajustada en la cintura o tomamos una
posición encorvada que nos impide una respiración abdominal.
Respiración media o intercostal
Es la respiración más
común, consistente en que el aire llena la parte superior y media de los
pulmones, subiendo el diafragma y contrayéndose el abdomen. Suele presentarse
cuando caminamos o hacemos tareas de pie.
Respiración Abdominal o diafragmática
Con la inspiración, el
aire va hacia la parte baja de los pulmones desplazando el diafragma hacia
abajo y elevándose el abdomen con un suave masaje. La exhalación debe ser
completa, vaciando lentamente de aire los pulmones hasta iniciar nuevamente el
proceso.
Riesgos de una mala respiración
Una mala respiración
puede suponer falta de oxígeno en el organismo, impidiendo que las células
produzcan la energía necesaria. Con ello devienen cansancio, fatiga, ahogo,
atrofia muscular; ansiedad, estrés, apneas, insomnio; trastornos
grastrointestinales; enfermedades cardiovasculares, debilitamiento del sistema
inmunitario.
Sin embargo, también
puede afectar a las relaciones sociales. En el caso de la apnea, cuando se
interrumpe la respiración durante al menos 10 segundos, puede producir en las
personas que duermen cierto cansancio, irritabilidad y alteraciones
conductuales. En estos casos se reducen los niveles de oxígeno y aumenta el
dióxido de carbono, alterando el equilibrio del organismo que permanecerá en
alerta durante todo el proceso de sueño sin permitir descansar. Una vez
despiertos, la persona sigue teniendo fatiga, cansancio y falta de
concentración para realizar tareas cotidianas.

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