sábado, 10 de agosto de 2013

LA RESPIRACIÓN... EL ARTE DE VIVIR


 

Pocas veces damos importancia a ese acto tan cotidiano, pero esencial para nuestra existencia, como es la respiración. No se trata simplemente de llevar oxígeno a los pulmones, es un acto que afecta a cada rincón de nuestro organismo para que podamos tener la suficiente energía y desarrollar distintas las actividades físicas y psicológicas.

La respiración: un proceso vital

Para que nuestro cuerpo disponga de la suficiente energía vital es necesario que se produzca en las células una combustión de oxígeno con carbohidratos, proteínas y grasas. Es por tanto, la respiración, un acto vital imprescindible para obtener ese elemento externo, como es el oxígeno, y expulsar el residuo creado por la combustión: el dióxido de carbono.

No obstante, también influye en el funcionamiento del organismo a nivel físico y mental. Una correcta respiración puede marcar el ritmo del corazón, el sistema circulatorio o los músculos para que no se sobrecarguen y deriven en enfermedades cardiovasculares y trastornos.

Efectos físicos y psicológicos

A nivel físico, una respiración adecuada permite que los pulmones y el tórax sean más flexibles,  incrementando la capacidad de respirar y llevar más oxígeno a la sangre. Supone un masaje a órganos tan importantes como el estómago, el intestino o el corazón, que se encargan de transformar los alimentos en nutrientes y transportarlos a todo el organismo.

Permite relajar los músculos del corazón, reduciendo sus latidos y la tensión arterial y liberándolo de una gran carga de trabajo. De esta forma, la contracción de los ventrículos se realiza de forma más eficiente, dotando al corazón de mayor fuerza y previniendo enfermedades cardiovasculares.

Así mismo, un constante suministro de oxígeno en la sangre permite limpiar el organismo eliminando las toxinas que pueden causar enfermedades. Gracias a esa limpieza, se rejuvenecen las glándulas, como las pituitarias y pineales,  que permiten regular los procesos y ciclos biológicos, dotando al cuerpo de una mayor capacidad de digerir los alimentos y una mejora del sistema nervioso y cardiovascular.

Desde el punto de vista mental, la respiración influye sobre nuestras emociones. En estados alegres suele ser más profunda y prolongada que en momentos de estrés, que suele ser más rápida y entrecortada, dando la sensación de asfixia. La correcta respiración oxigena el cerebro, llevando más energía hacia esa intensa actividad que desarrolla. Con ello conseguimos evitar el estrés, la ansiedad, la apnea, el insomnio, logrando mayor concentración y un estado de relajación y serenidad suficiente para que el organismo funcione adecuadamente.

Una respiración para cada situación

No siempre debemos respirar de la misma forma. Cada situación requiere una técnica distinta que permite restablecer el ritmo corporal y adaptarse al entorno. Ante todo es importante tener en cuenta que una buena respiración se realiza por la nariz, no por la boca, y los esfuerzos físicos, como inspirar intensamente o forzar el abdomen, restan eficacia provocando una alteración del ritmo. El espacio libre, sin humos ni gases, también cumple una función importante porque evitamos que lleguen a nuestros pulmones otras sustancias que pueden provocar enfermedades. Cuanto más tiempo respiremos al aire libre mayor bienestar sentiremos.

Respiración superior o clavicular

Este tipo de respiración es superficial ya que proporciona un mínimo de aire al trabajar solamente la parte superior de los pulmones. Cuando inspiramos, se produce un ligero movimiento clavicular, contrayéndose el abdomen. Se da en los casos de ansiedad, cuando utilizamos ropa muy ajustada en la cintura o tomamos una posición encorvada que nos impide una respiración abdominal.

Respiración media o intercostal

Es la respiración más común, consistente en que el aire llena la parte superior y media de los pulmones, subiendo el diafragma y contrayéndose el abdomen. Suele presentarse cuando caminamos o hacemos tareas de pie.

Respiración Abdominal o diafragmática

Es una respiración lenta y profunda, beneficiosa para eliminar la tensión y la ansiedad y regular la presión arterial y el ritmo cardíaco ya que tomamos la máxima cantidad de aire al llenar la parte más amplia de los pulmones: la inferior. Se utiliza más cuando descansamos o dormimos.

Con la inspiración, el aire va hacia la parte baja de los pulmones desplazando el diafragma hacia abajo y elevándose el abdomen con un suave masaje. La exhalación debe ser completa, vaciando lentamente de aire los pulmones hasta iniciar nuevamente el proceso.

Riesgos de una mala respiración

Una mala respiración puede suponer falta de oxígeno en el organismo, impidiendo que las células produzcan la energía necesaria. Con ello devienen cansancio, fatiga, ahogo, atrofia muscular; ansiedad, estrés, apneas, insomnio; trastornos grastrointestinales; enfermedades cardiovasculares, debilitamiento del sistema inmunitario.

Sin embargo, también puede afectar a las relaciones sociales. En el caso de la apnea, cuando se interrumpe la respiración durante al menos 10 segundos, puede producir en las personas que duermen cierto cansancio, irritabilidad y alteraciones conductuales. En estos casos se reducen los niveles de oxígeno y aumenta el dióxido de carbono, alterando el equilibrio del organismo que permanecerá en alerta durante todo el proceso de sueño sin permitir descansar. Una vez despiertos, la persona sigue teniendo fatiga, cansancio y falta de concentración para realizar tareas cotidianas.



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